martes, 31 de marzo de 2026

BUSCANDO LA CALMA A TRAVES DE LAS PALABRAS

 

                                CALMA DEL PAISAJE

 

         RIO CLARO. PANCHO PARA LA PATA  
                                             

                                 VALLE EL RADAL

 

Cuando pienso que voy a morir, me voy al parque de los robles y entre sus cortezas grises hundo la mirada hasta que duela en mis entrañas, pues allí, en la paciencia de sus vetas, encuentro la calma necesaria. Otras veces lo miro desde abajo y paseo entre sus ramas hasta encontrarme con las estrellas que coronan sus copas. Esa noche, se convierte en calma su mirada.

Solo ayer, reconocí esas luces acomodarse en el firmamento y en mi pensamiento, solo faltaba enredarme entre sus ramas verdes y las luminosas estrellas. Es lo que siento.

Vuelvo a esos pagos y son los de siempre los que me reciben agitados por la suave brisa que se desprende del río. Digo que me reciben, pero no es cierto. Hay un lucumero que se pliega a los colores del roble. Él, aporta el suave de las hojas, el aroma  de un fruto amarillo que se equilibra entre sus varillas, tan delgadas como los rayos del sol que apenas asoman por la quebrada. Cuando creo que estoy ocioso y cansado de nada, me voy al bosque a encontrarme con el agua. Le pregunto por su amigo el roble y si me extraña. Su mirada clara y su timidez de orilla, no me dicen nada. Pero se retira sin querer alejarse y murmurando algo conocido, como rumor de agua.

Cuando creo que los necesito, el tiempo es nada, pues con el primer verso en la esquina verde del cerro, ya estoy en casa. Y vuela la torcaza dando aviso de la llegada y, a la vera de mi carpa, parlotean sin vergüenza un jilguero, un zorzal, un picaflor, una diuca, un cachuo, un chercan, un chucao y tocando su tambor, el petirrojo escondido entre las ramas. Por sobre el espacio, por sobre el sol que no me toca y como acordes de guitarra desafinada, llega el saludo de los que no salen del agua; el cuervo, el jote, la correntina y el guairavo. Los acaricio con la mirada y, ellos tan consciente de lo necesario, se llevan los pesos humanos, lo mismo que hace el agua cuando hundes tus manos en ella y te lavas la cara. Miro el muro del cerro y en esa humedad tan distinguida, disfrutas la calma del paisaje que invade el alma y la deja descansada.


Ahora, voy a hundir el sol en la mar y que las sombras de los habitantes del plano se tornen plateados. Como los cabellos de la madre de la puntilla y sus pinares. Y en una noche, como un barniz brillante y costoso, sus palabras se van pegando en cada uno de nosotros cuando revuelve el mate con la sabiduría de sus manos. Un silencio de lago rodea la casa cuando ella escarmena sus recuerdos. Su mirada baja es respeto. Su respeto es la experiencia. Su experiencia es la que nos resuelve los dilemas. Mientras un brasero resguarda sus cenizas, ella, como si dibujara las palabras entre las brazas, va relatando cosas que nos van apretando el alma. “A esas tierras, no había como darle forma, eran puros abrojos no más. Hasta que mi viejo metió sus manos en ella.”

No quería imaginarme nada. Solo la miraba. Ella, arrinconada por un mate de agua clara, daba la sensación de una dama de laguna encantada. Con su cabellera blanca como la estela de la luna. Con su mirada fresca y serena. Con sus manos que dibujan el aire y no le guardan resistencia alguna. En la penumbra del comedor, ella era toda. En los muros de adobe descascarados. En las ventanas llenas de paisajes. En esos cuadros colgados soportando la luz de las velas. En esas vigas de pino que sostienen el cielo, éramos todos, apenas un silencio de respeto acumulado. Afuera, la luna se enredaba en los cuellos de la cisneria para acercarse a ella. A escuchar también, la melodía de sus palabras, de sus relatos tan ciertos.

Y nació la luna y la voy a meter al agua. Así, el cielo será lo mismo que la laguna y en ese plano donde el trigo era niño, hoy está sembrado de un hermoso ramillete de cariño. En esa estancia solo he pensado ser más niño de lo que antes fuera. Para quedarme en esa puntilla y ver como esa huella que dejaron viejos tan buenos han marcado mi camino. No es la tierra, ni los habitantes en ella. No son los pinos ni nada que se les parezca. Solo es el aire que dibuja sonrisas. Ese aire de pertenencia, ese aire de acogida, ese aire de tranquilidad y paz, que te da la familia de Elena.


LAGUNA TORCA. LLICO

 

 

                                                                                                                                                                                                                MAMA   ELENA

                                                                                                    

 

martes, 4 de noviembre de 2025

GRAN SALTO. VELO DE LA NOVIA. RADAL 7 TAZAS

 GRAN TEMOR A LA PERDIDA DE LA BELLEZA

 

Hoy, después de haber trajinado tanto los recovecos sombríos y cubiertos del verde vegetal tan riguroso de la montaña, junto a los parlantes compañeros, fieles en sus pasos, leales en la sed y el cansancio, vuelvo a esa alma de piedra enorme a esa cadena de beldades físicas y emotivas del andar por el Radal. Tierra nuestra sin consecuencia.

Se medita y se sueña sobre una tierra de osadías tangibles, sin contar la historia de llanuras, montes o quebradas, como si hubiésemos vividos miles de años, o más. Me recuerdan caminos del cielo estas cintas airosas por donde corre el hombre ávido o fatigado de ver. Pero en cada caserío y en una simple ondulación de la tierra, la sangre eterna está aguzando su orgullo. Se intentan hogueras en el espíritu y la vida brava de esta gente se inclina ante los ranchos o levanta los brazos sobre el paisaje y al igual que a nosotros, nos pellizca los labios.

No es el drama humano lo que nos turba la memoria, es la tierra templada por el verano austral, incisivo y cambiante, lo que nos sale al paso, como si alzase contra nosotros sus volcanes legionarios y sus montañas ceñudas. El espíritu de la tierra está vivo en esta presencia combativa y secreta de la tierra que nos intimida con sus signos sumergidos en el viento o en la celosa travesía. Es la tierra, nuestra tierra que se está enfrentando al cielo, no tanto por sus montañas, sino por sus momentos, lo que madura el drama de la visión nativa. No es paisaje, es músculo y hechizo bajo un cielo cuyo destino ha sido iluminar esta epopeya en que solo cuenta, lo sobrehumano.

Y así nos llega la visión del Salto, esa maravilla sonriente, enjoyada y perfecta, que sugiere, desde el primer instante, el hechizo secreto de la montaña. Desde niño vimos esa cortina blanca y su delgado canal labrado en la tosca. Donde el agua se amansa y logra un color verde de alquimia. Milagro y hondura de la luz y se conjuga con el horizonte donde el hombre se precipita como en un abismo y la tierra misma quiere desaparecer. Cualquiera que sea el camino para llegar al velo de la novia, la imagen es semejante.

El terreno despejado permite ver, la naturaleza de este rincón. El camino asciende suavemente y de súbito, este pórtico de espuma resonante y grato a la fatiga, sensible y alado como un rumor de confidencia, cae junto con la humedad de tu mirada. Más allá del salto de agua, está la historia mal conocida de los propios historiadores, tierra que se levanta a cada instante contra el hombre para templarlo y probarlo. Tierra que no se avergüenza del cielo.

Hasta hoy no se ha encontrado una solución eficaz para que el acceso a la caída de agua sea más grato. La poética visión, bien se lo merece. El velo de la novia va quedando a nuestra espalda y su voz todavía sostiene el acorde espacial de este cuenco marino de viejas edades. La sinfonía del salto es la sinfonía del tiempo sobre la raza que medra, progresa, como ya lo hicieron otras en los milenios pasados.

Cada vez que pasamos frente a la cascada, quizás presintiendo su secreto, nos preguntamos si sobrevivirá al hombre actual, a la voluntad de la empresa de este tiempo terrible, que se enfrenta a la belleza y al hechizo de la naturaleza.


viernes, 31 de octubre de 2025

AL FINAL DEL PROGRESO

 

 

 AUN QUEDAN RECUERDOS

 

 

1950 – 1960 en esos años era llamativo el tronar de la locomotora con esa humareda espesa que se metía por los recovecos de los bodegones y luego se perdía entre los arboles de un bosque pequeño y entre las palmeras de un parque centenario. Era llamativo el corretear las uvas en la infinidad de cuarteles de uvas, con sus cuerpo arrugado las parras se alineaban siempre de norte a sur. Cuarteles separados por tendidos eléctricos o por pequeños canales de riveras tapizadas de mimbres verdes y olorosos. Pequeños cuarteles de uvas a los pies de la iglesia, a los soleados chuicos de vino dulce, a los naranjales improvisadamente visitados. Eran llamativos esos camino entre ellos reverenciando las uvas amarillas, de las rosadas y de las rubias pequeñas. La uva negra. La uva coa, especial para el vino tinto oloroso y de gran cuerpo. Era llamativa la casa del zorro como atalaya de un vigía. También la otra casa, la de las encinas y portón de madera gruesa. Una veces desnudas las uvas. Otras vestidas de hojas como la Eva del paraíso. Otras veces, llenas de cristales jugosos, que jubilosos recogían los viñateros de aquellos tiempos.

Vino la gracia de la estabilidad social. Todo el mundo trabaja. Todos comparten y sonríen. Todos nos conocemos y nos saludamos. Todos conocimos el progreso.

Aquello que nos dio prestigio, reconocimiento y estabilidad a las familias de entonces, hoy, es un espejismo que desaparece tan pronto abres los ojos. Tantos patriarcas con laureles en sus hombros, nos privaron del rancho de las vendimias, del quejido de los durmientes, de la estrella solitaria. De las risas de los orujos. De los andenes visitados por el amor. Del tractor con su coloso chorreando jugo. De los pozos de molienda la misma uva. De la lagrimilla con harina tostada. De todo aquello que se te quedo pegado en una orilla del alma. Todo eso, se recogen a los cuarteles del olvido. ¡Viva el progreso!

Ahora buscamos la felicidad en unas cuantas tiendas o en un escenario lleno de luces, cables y musica estridente. Bien me parece. ¿ y cuanto duraran esas capsulas de felicidad? Aun sonrío cuando evocamos a LONTUE efervescente de felicidad.

 


sábado, 8 de febrero de 2025

TAMBIEN SE MUERE EL TIEMPO

 

HORAS MUERTAS



Las tres de la tarde de verano. El aire se conserva claro, ligeramente movido por la brisa de la cordillera, presente siempre, con su aliento fresco, en todas las estaciones. Pero el gran sol todo lo domina. En esta hora se advierte la ausencia de realismo y la sinfonía del juicio multicolor de su gente, es la verdadera hora absoluta, comienzo de la tarde y se respira plenamente la fascinación de la provincia, el encanto que se derrama por todas las calles de mi vieja residencia y acaricia las antiguas fachadas somnolientas de las casas, y pasa por las cuadras en donde todavía no florecen las sonrisas femeninas. Sobre la gran 7 de abril flota un letargo, un letargo tedioso y banal de pueblo sin estridencias, más también sin el menor encanto. La fuerza del sol aplasta la coquetería de la gran arteria atestada de comercio. A esta hora hay que buscar en otra parte el alma del pueblo.

En este soleado silencio de las primeras horas de la tarde encontramos el sentido tradicional e inconfundible de LONTUE, de tierras bajas, de lo absoluto. Atardecida embriaguez de sol, de calor, de silencio, de abandono. Almacenes pequeños, semi desérticos. Alguien medita frente a un vaso. Verdulerias sin puertas dejan ver hileras de frutas y verduras como dentaduras multicolores, que no ríen, duermen.

La sombra de las casas es de una luminosa transparencia rojiza que al reflejo del sol sobre los vidrios se torna aún mas clara. El aire, no obstante el aire es limpio: un aire vivo, pero inmóvil, ya que la mano férrea del sol lo mantiene quieto. Pero al atardecer, la tensión de la atmósfera se refleja, entonces si se agita el aire, y coquetea, y hace murmurar las hojas de las acacias y abre blusitas blancas de las inquietas muchachitas.

Los comercios permanecen cerrados durante muchas horas. En los escaparates, envueltos en una luz cálida que la sombra roja atenúa un poco, yacen los objetos como petrificados y engomados. Algunos exóticos y brillantes automóviles parecen ser definitivamente abandonados a lo largo de las aceras, cuál casitas deshabitadas. Estas son las que, literalmente llamamos “horas muertas”. Pero por debajo de ellas, se siente el latido vital de una vena. Las pocas personas que pasan por la calle parecen retardar el paso de la vida, aunque quizás, son los que la anticipan: muchachas que charlan en voz baja, un grupo de obreros, una vieja señora que busca lo que acaso en su vida, jamás logro encontrar….. vivos fantasmas de las horas dormidas de mi pueblo.

Todo se abstrae de una maravillosa pureza y silencio de las calles de esta vieja comunidad, amarillenta, grisácea, de arquitectura inexpresiva, en la cual de tanto en tanto se entromete aquí y allá un pesadísimo barroco de iglesia. Pero estas callejas, nos ofrecen el sentido estático, casi heráldico, de la vida, y estas horas muertas son como la boca cerrada de un rostro que piensa, que acaso duerma, que también sueña.








jueves, 21 de noviembre de 2024

POBLADOS CON SU SONRISA


 

POBLADOS QUE SONRÍEN


Al pasar de los años, los territorios van cambiando y así como la gente, la geografía y el espíritu del pueblo, se ve remecido por las contingencias. Después de los desastres naturales, dramas políticos, crisis económicas, la población se sacude la pobreza y se opone al abandono de la tierra. Se levantan nuevas estructuras, se inician visiones artísticas y aparecen los héroes sembrando el amor con su poesía. La historia nos enseña que después de las grandes crisis, emergen desde la desgracia los músicos, los pintores, literatos, pensadores y poetas. Se construyen casas y edificios con visión de futuro pegado a sus ladrillos. Las vidrieras muestran colores nuevos y la acostumbrada parsimonia de la pobreza se ocupa, se entierra y se constituye en la base de la sonrisa del poblado. Una nueva mentalidad, una fortaleza que aparece desde el fondo de la naturaleza humana, se comunica y se entusiasma con el amor. Lamentablemente para que hayan cambios tan evidentes, necesitamos una catástrofe para que aparezca la razón. Las ciudades sonríen, cuando las pintamos con amor



Dicen, también que después de los desastres, los hombres se vuelve mas buenos, mejores. Lo cierto es que después de tanto drama, de tanto odio…...broto sincero en los corazones, y sin trabas, un anhelo de paz, de seguridad, de amor. La vuelta a la vida, fue la vuelta de los poetas y a las viejas leyendas. Incluso los que quedaron lejos de las contiendas, sintieron el poderoso llamado sediento de belleza. Sin la madre de las uvas, se pidió la ebriedad musical que les permitiera olvidar, llenando las calles de una muchedumbre pintoresca y colorida. Una plaza recobro la fascinación tentadora de los domingos y bailaron y cantaron en un pueblo donde las muchachas son lindas y su rio en verano, se hace perezoso. También las palomas volvieron y la plazoleta toda sol, toda sombra, sintió un aleteo de blancas plumas. Como siempre, las palomas, fieles y viejos mensajeros del amor, pararon sobre la torre de la iglesia. Esto comprendieron los hombres. Y se propusieron conservar aquella bondad que había vuelto como el sol después del huracán y con ellos sonrieron los poblados, escondiendo las heridas. Para comprender su canto hay que tener un alma gentil, pero para recibir la enseñanza se precisa desgraciadamente un cambio radical.

Hoy, somos participe de un nuevo proyecto social, la bondad permita a la nueva 

autoridad, Alcalde Sr. Felipe Méndez dar pasos de luces y devolverle la sonrisa a 

mi pueblo.


domingo, 10 de noviembre de 2024

MUJERES EN MI PUEBLO

 TODAS ELLAS

 

Nadie podría afirmar en conciencia, que conoce a Lontué. Si no va de fondo en el alma de sus mujeres. Ellas constituyen el elemento vital, rico en matices y ofrecen un cauce fecundo y generoso para descifrar el enigma de su personalidad que lleva por todos los caminos del mundo, la simiente de su propio ser. Ellas, han contribuido en las bases de un pueblo, lo suficientemente fuerte y poderoso, para resistir las pasiones, de los ideales contradictorios y siempre exaltados de los hombres. Se ha dicho que la mujer es poderosa, poderosa en tierra de hombres furiosamente soñadores.

¿De donde le viene ese poderío?

Del equilibrio de todas sus facultades. Es soñadora y practica.

Su sentido práctico de la vida le pone limites a todos los excesos. Pues, donde hace falta la fortaleza o la entrega de la propia vida, allí está el hombre. Pero ese mismo exceso vital, les resta capacidad para ordenar prácticamente su vida. Su salvación, esta en la mujer, por mal que le pese. Allí esta la mujer de nuevo, que menos alucinada por el espejismo de glorias pasajeras, trabaja paciente y ordenadamente, por mantener la armonía dentro del hogar. Todo esto, haciendo gala de su recato y modestia.

Mas femenina que feminista, ha logrado conservar los atributos de su personalidad. En estos tiempos modernos en que todo amenaza diluirse en el individualismo, ella unifica a los hombres. También ha salido a la calle en uso de su derecho, ha ganado el aula, la cátedra,la medicina, la política y sabe que, ya la vida es difícil, que no puede improvisar y consciente de su papel como uno de los dos elementos en que se funda todo el sistema social, se prepara para intervenir en nuevas luchas, todas ellas pacíficas y tendientes a cimentar las bases de una armonía mas justa y mas perdurable.. ella, se suma, con entusiasmo y optimismo, a la caravana de luchadores, pero esa diminuta gota de sangre que aún corre por su venas, la lleva, al final de la jornada a recluirse voluntariamente, en la tibieza hogareña, donde le esperan los pequeños detalles domésticos, y no le molesta el cansancio, a la hora del eterno dialogo con el amor.

Sin aspirar a títulos o coronas que la gloria les reserva a los héroes, ellas van forjando en jornadas sin interrupción, el patrimonio local. Desde la intimidad del hogar, cumplen a consciencia con sus vocaciones de artistas, literatas, periodistas, profesoras y madres, pero como no han perdido el buen gusto y el talento, no han dejado de ser mujeres con todas sus virtudes y defectos. Cuidan la familia, el huerto y el mañana con amorosa solicitud. La familia, que es la primera célula social. El huerto, que es el menudo trabajo sin brillo ni relumbre y, el mañana que está en la incógnita de sus hijos.

Si tu abuela, tu madre o tu vecina están por ahí, dale un abrazo, un beso. Sonríeles, ellas son la vida misma de tu querido pueblo.

Ella, mi madre, hubiera querido que nombrara a toadas las de mi población, pero consciente de mi mezquino corazón, les reservo un espacio permanente en la memoria, porque la vida me vio crecer al lado de todas ellas.

martes, 29 de octubre de 2024

NUESTRA MEMORIA. PATRIMONIO ORAL.


 

 LA MEMORIA NO ESTÁ EN LOS PAPELES

 

                            Cuando no podemos expresarnos de la mejor manera por medio de lo escrito, o cuando no bastan las imágenes, es la memoria la mejor expresión para relatar la historia.

¿Esta escrito? Claro que esta escrito. Aquí, en la cabeza. Esta escrito en tu boca, en tus pasos, en tu corazón. Pero hay una fuente que no se puede tocar, y es la lengua, es la palabra. LONTUE; esta palabra no esta en el diccionario. Desconocido. Viene de lo prohibido. De lo arcano. Del tiempo cuando apenas era tiempo. Hay definiciones que se visten de mapuches, araucanos, indígenas. Pero, su significado tiene traje, traje de la pureza, de la valentía, del guerrero, de la naturaleza, de huaso de la alegría. Viene de lo festivo, de indio guerrero, embriaguez y celebración. Hay palabras huérfanas en el diccionario y la mas huérfana de todas es, Lontue. Si te quitan lo material, eres un pobre. Pero, cuando te quitan lo material y lo inmaterial que tienes y lo que eras, estas perdido. Cuando dejas de ser quien has sido siempre. Cuando lo has perdido todo y te conviertes en un marginado, en un excluido, entonces te conviertes en un hombre de cooperativa.

Se lamenta lo perdido que no era el arte, era la persona el excluido, el marginado, por eso una de las grandes huellas no esta tanto en la palabra, si no en la forma de pronunciar y escribirla. Aprendimos el castellano utilizando los sonidos que habitaban en nuestra garganta. Eso explica la diferencia al expresarnos ¿Que te pueden quitar para que dejes de ser tu? La única manera de dejar ser tu, es quitándote la memoria. Mirarte al espejo y no reconocerte, como sucede con la enfermedad del alzheimer. Eso le pasa a las personas y le pasa a los pueblos que no se reconocen. Lontue es reconocido así, por su memoria sensorial, es único en el mundo y, no se reconocen en el espejo. No por eso esta perdido. Créanme, que siento lo perdido aquí, en mi cuerpo, como un nervio en movimiento y a pesar de que, nos han destruido, destruido nuestras piedras y expulsado a nuestros antepasados, que quemaron nuestros escritos en la plaza, a pesar de amontonar nuestros recuerdos, siguen habiendo espasmos de la memoria que se conservan dentro de nuestro corazón, dentro de la memoria sensorial, en lo que hablamos, en lo que oímos y eso es la prueba de lo que somos y ahí esta escrito. Somos lontueninos.


BUSCANDO LA CALMA A TRAVES DE LAS PALABRAS

                                          CALMA DEL PAISAJE            RIO CLARO. PANCHO PARA LA PATA                                     ...