Son las sombras como semillas a punto de explotar; ardientes, insaciables. Corpóreas como melodías de sirenas. tan sencillas como las tormentas de arena.
Reclinado en mi cuerpo tan desnudo como infante, desalojo mis sombras a la luz de las palabras de una madre y su comprensión. Llamo la atención con mis heridas abiertas y me cobijan otras sombras, llamadas multitud de brazos abiertos al aire.
Lastimeras las sombras te sostienen como las calumnias al desvergonzado o como las mentiras al infiel. Nada se vislumbra a las sombras de la ciudad que pariendo dolores en las poblaciones, te cubre el semblante de enajenación sin par. La inocencia se pierde en las iglesias, entre las oraciones y las penitencias.
Las sombras te reclaman después del pecado, silencioso y arrepentido recorro laberintos cretenses, nada comparado con los deslices castrenses. Las sombras aún resultan ser un gigantesco paréntesis.
Quisiera borralo todo y escaparme a los desiertos, abrir mi pecho a los cuatro vientos y gritar, gritar hasta morir despierto. Escapar de las sombras interiores que te aplastan sin consideración. Cuarenta dias como el Mesías, vagando huérfano de pasiones y palabras. Las sombras tienen rostros conocidos y enfermizos, por eso me reprimo y me concentro en mi cuerpo. Leyendo mis rodillas y mis zapatos tan raídos, culpo a lo social por todo lo parido.
Dos dedos borran el beso de Judas. Dos ojos tan claros como la verdad más pura, ahuyentaran las sombras de una cara senil cercana a su partida. Las sombras solo serán figuras como los árboles, como los pájaros. Sombras como los edificios y las urbanas almas en sacrificio.
Las voces calladas las pondremos en pasquines para darles fortaleza a través del canto. No más llantos silenciosos en las sombras. Al recodo del camino se plantarán las luciérnagas de colores para alumbrar tu destino. Adiós a las sombras que hostigaron tus años de experiencia.
Ataré mi cuerpo con telares viejos, me adentraré en la cultura tan austral y tan sureña, a lavar mi cuerpo y mirar desde lo alto de una araucaria, las sombras en retirada entre los fiordos y las cascadas.
Las sombras serán resguardo de los añejos licores y solo veré las sombras en el último paso, de poeta a hombre.
Muy bueno
ResponderEliminarGracias: La lectura es para los genios. La escritura ... para los sabios.
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