CRÍTICA DE CINE
El hombre de bicentenario Sexo virtual. El demoledor.
Mundos paralelos. Matrix Wolverine. El inmortal.
Avatar. Otra dimensión. Inteligencia artificial. Alita.
El cine tiene mucho
que aportar en la creación, inventiva, imaginación, recursos
tecnológicos, virtualidad y recursos personales. También aporta
mucho de futurismo, pronósticos y tal vez, un poco de premonición a
lo que se espera para la humanidad, considerando todo lo que estamos
viendo en las distintas realidades y las distintas sociedades.
Una de las premisas
cinematográficas es la prolongación de la vida, la inmortalidad del
ser humano o la fuente de la juventud. Inventar un remedio para la
enfermedad de la vejez. Obvio, también la violencia y la
pornografía. Pero me quiero referir a ciertas cintas que dejan
entrever lo que será, la vida diaria del ser humano de aquí a
cincuenta años más. Donde lo más cierto es la modificación del
lenguaje, las comunicaciones, incluyendo las emociones. En 1995 la
película El Demoledor aparece una escena de sexo virtual no muy
alejada de los tiempos actuales. 1999 se deja al descubierto la
posibilidad de mundos paralelos en la película Matrix, hoy día se
sabe a ciencia cierta de personas que viven inconscientemente un
mundo aparte del real, como también la existencia cierta dimensión
psíquica y también espacial. El mismo año aparecen otras cintas
como El hombre del bicentenario que plantea la emocionalidad de los
robot y la cuestionada inmortalidad. Frankeinstein, Dráculas,
zombies, ciborg y otros salen a escena para presentarse como
inmortales y resistentes a la vejez. ¿Será una aspiración cierta a
futuro?
En el 2013 la
generación mutante y sus espectaculares poderes son conducidos por
el líder Wolverine quien es poseedor nada menos que la regeneración
de sus tejidos, implantes metálicos y soluciones químicas para
hacerlo inmortal. ¿Se podrá? Pero en el 2019 aparece una cinta
llamada Alita. Nacida de la chatarra tecnológica, es re
acondicionada con partes de otros androides, para convertirla, por
medio de la biotecnología, en un ente o ser extremadamente hábil,
inteligente, emocional y completamente amante de la supervivencia
humana. Ciertamente convivir en un mundo capaz de albergarlos a
todos, sin distinción es nuestro común anhelo, pero, a cuanto
estamos de ello.. Todo esto es fantástico, maravilloso y en la
medida que no dejemos de lado los valores, habilidades y
características de unos por sobre la de los otros, el mundo sí va a
cambiar. Es decir, la comunicación, el entendernos, el plantearnos
objetivos comunes, todo este mundo podría ser factible. No olvidemos
que el hombre, en esencia, es eminentemente lenguaje.
Neuralink, el proyecto de Elon Musk
La mejor manera de
comunicarse hoy día, son las redes sociales en cualquiera de sus
herramientas tecnológicas. Computadora, tablet, celulares y en
cualquiera de sus aplicaciones conocidas por todos como son Facebook,
tweter, instagram, zoom y otras. Las comunicaciones se han vuelto
frías, violentas, retadoras, humillantes, confrontacionales y muchas
veces con consecuencias fatales, pero también son de carácter
masivo y colaborativas, pero por sobretodo, anónimas e
irresponsables.
Estas herramientas
cada día mas desarrolladas nos tienen al borde de un futuro donde la
humanidad en su esencia comunicativa se perderá en reemplazo de la
neuralink. La implantación de hilos conductores a la corteza
cerebral, diseñada para mejorar las reacciones de las personas, dar
una mejor respuesta a ciertos estímulos y definir cierto campo en
relación al desarrollo de la inteligencia artificial.
Implantes cerebrales
La tecnología es
indudable, el mundo se ha desarrollado en todos campos gracias al uso
de la tecnología.; la minería, la medicina, la exploración
espacial, la robótica, en la economía, la educación y podríamos
hacer una lista indefinida en la que esta directamente involucrada.
Lo preocupante son las relaciones humanas, las que cada vez se ven
más disminuidas para transformar al hombre en un ente de consumo,
capaz de absorber todo lo que se produzca. De actuar condicionado por
estímulos sensoriales o visuales. También por la conducta masiva de
la población. Ciertamente ya no actuamos por una capacidad de pensar
o de comprender. Somos, absolutamente incapaz de mantener una
conversación hilada en presencia de nuestros pares u otras personas.
Monstruosamente soberbio de manifestar respeto o tolerancia por la
opinión de los demás. O simplemente aceptar la presencia física
del otro en un espacio que es de todos, es general para objetos y
seres vivos, por sobre todo, para el ser humano con todas sus
virtudes y defectos. Así, somos considerados objeto de consumo no
solamente de mercado, como variable de índice económico, si no
también consumista de placeres no naturales o extremos. Nos han
convertido en personas ajenas al cuerpo global de la sociedad, ajenas
al núcleo familiar, ajenas al otro, al que está a tú lado. La
tecnología nos a convertido en un robot de carne y hueso, pero sus
aspiraciones, van más allá, a reemplazar al hombre por una máquina
capaz de no cometer errores, carente de sentimentalismos y tan
mejorados en sus características físicas, que no podrá envejecer
hasta casi convertirlo en inmortal. ¿Para qué?
Las personas que
someten a los consumidores, saben esto y, desalojan de su interior,
de su pensamiento, de su humanidad, el tratar al otro como persona.
Es un propósito, una finalidad para alinearnos al placer y construir
sociedades de corto plazo. El pasado ya no existe. Tenemos todo para
construir otro futuro. Ya no tenemos que pensar en tener hijos y
perpetuar la descendencia, ya no tendremos a quienes traspasar
valores o principios. Los estímulos exteriores son cientos, miles y
todos ellos condicionados al placer y a la consecución de algo. El
generar placeres extremos por drogas blandas y duras, el sexo virtual
y la pornografía. Reemplaza la afectividad, la cercanía, el
contacto, la emotividad y donde se complementan el tú, y el yo.
Entre ustedes y nosotros, sin eso, no somos nada. Marionetas con
electrodos cerebrales.

La tecnología
permite tratar el envejecimiento como una enfermedad que podría ser
curable, remediable. Detener el envejecimiento, buscar la
inmortalidad ¿Para qué?