La terrible naturaleza nos da el entendimiento, la humildad del amar, la pobreza del espíritu que nos hace humano. Sin embargo, la naturaleza misma, en sus amaneceres tranquilos, en duraznos en flor de primavera, de la lluvia fresca de los inviernos, nos lleva a cobijarnos en los brazos frágiles de la mujer que amamos. Nuestra compañera.
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