SIMPLE. SIMPLEZA
Todos
nos sorprendemos cuando se ventila algún nuevo caso de corrupción en nuestro
país. También es causa de risas para otros. Nada más triste, que considerar la
ignorancia como baluarte de nuestra cultura. Podemos sufrir lo inconmensurable,
ser humillados hasta nuestros huesos, entregarnos en cuerpo y alma a
representantes de nuestros ideales, caer desde lo más alto y agradecer al cielo
por quebrarnos la columna y permitirnos vivir postrados los últimos días de
nuestra existencia, con una pensión solidaria del gobierno de turno. Simple, la
vida es simple. Algunos ilusos pensamos en la justicia, otros más razonables en
la cárcel y la cercana posibilidad de
deshacerse de ciertos males sociales que por tanto tiempo se han enquistado en
los escaños senatoriales, asoma como cierta, pero la justicia se revuelca
en sus propios dolores y accede a la benevolencia de los señores
cuestionados. Simple. La justicia está comprada. La vida sigue en su simpleza
diaria.
También
es simple el olvido, la tristeza y la alegría. Levantarnos mil veces, caer
otras tantas y la vida sigue, con altos y bajos, pero la vida es simple. No hay
más que eso. Podemos considerar la posición de otros connaturales, pueblos,
regiones, incluso permitirnos compararnos con otros países en economía, salud,
educación, tecnología, contaminación, soluciones, muertes por violencia
intrafamiliar, femicidios, política, delincuencia, y un largo etc. Después,
todo es simple. Pues tenemos la cultura del olvido. Nuestra historia es olvidar
precisamente, la historia. He aquí algunos antecedentes para luego olvidar y,
con toda seguridad, recordaran algunos y, diremos con certeza ¡ya lo sabía!
Las
anteriores campañas políticas, y hablamos de mucho tiempo atrás, si bien es
cierto, también recurrían al engaño y las consabidas promesas a la comunidad,
hoy día son consideraciones párvulas a las actuaciones de los políticos en el
presente y, como patrón de comportamiento, causa y efecto, el pueblo asimilaba
estos dolores después, pasadas las elecciones. Ni uno ni otro se daba
explicación. Se aceptaba. Como se aceptaba una caja de mercadería, el traslado
a las sedes de votación, un zapato, un favor al club deportivo y otras cosas
insulsas. Simple corrupción. Recuerdo las cuchufletas de identidad por
conseguir campeonatos de fútbol en competencias regionales, una segunda
propuesta de cierta organización que trabó, la primera instancia por la futura
comuna, una ex alcaldesa, falsea datos y se adjudica casa por el subsidio
habitacional, la junta de vecinos que dilata las cuentas del Carnaval del vino
y podrán poner en la lista, casos que ud. Querido lector, conoce mejor que este
desmemoriado servidor. La cosa es simple. Hay corrupción.
No
podemos cegarnos, ni justificar, ni olvidar, ni correrse por la tangente o
decir que no nos importa. A decir verdad, nos importa y… mucho. Porque se juega
con las personas, se las humilla, se las denigra y se les trata como masa de
individuos sin importancia, gente idiota y, se les da una vida al borde de
eternas colas por las migajas que caen de la mesa de los señores que manejan
los hilos de economía. La danza de millones de dólares con las que juegan, es
una verdadera vergüenza, una atrocidad humanitaria. He aquí un listado de
personajes que practican esta triste actividad, porque al parecer, es una
actividad habitual mucho más significativa que su “servicio público”,
involucra a todo un país. Todos son casos de corrupción, a propósito de
la mención que alguien hiciera y ratificara que Chile, no es un país corrupto.
Nada más lejos de la verdad. Después de verificar estos casos,… simple. Somos
un país corrupto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario